X


Equis, equistorbos


Video instalación, serie fotográfica, objetos escultóricos, texto
Ca. 4740 fotografías digitales
2014 - 2017

obra en proceso





Veo y experimento la ciudad como una obra en proceso. En ella empecé a observar y registrar un tipo de objetos que establecen una dinámica peculiar en el entorno urbano: su función principal es apartar un espacio para que no se estacione un coche (para que ahí se estacione otro coche).
El nombre de la serie deriva de la suma de dos palabras: estorbo (obstáculo, impedimento, persona o cosa que molesta o estorba) y equis (la vigésimoquinta letra del alfabeto que en álgebra representa una cantidad desconocida o variable; en México, informalmente, significa “nulo”, “común”, “ordinario”, “cualquiera”, “ni bien ni mal”, whatever).
Hago los registros al desplazarme por la ciudad. Además de tomar las fotos, hablo con las personas —cuando es posible— para saber cómo los nombran; cómo los juzgan. Al final, son personas las que están detrás de estos objetos. En la mayoría de los casos, sus nombres son sólo descriptivos: si son sillas, "sillas", si piedras, "piedras". Existen nombres populares como “caballitos” o, en algunos casos, se llega a llamar "bote" a algo que nada tenga que ver con un bote.
También surgió la necesidad de clasificar estos objetos según sus formas, materiales de que están hechos, funcionalidad, modos de estar, y de buscar otras funciones para ellos. La clasificación permite conocerlos y así catalogarlos, pero mas que establecer un criterio estricto de clasificación, especialmente me interesa pensar en qué dicen ellos, cómo lo dicen o qué puedo decir yo de ellos. Son piezas escultóricas, performáticas: hablan del sentido del humor y de la improvisación de quien los crea.
Los X son una forma de desobediencia civil: remiten, en su propia forma, a los elementos típicos de resistencia, ocupación, apropiación de territorio. A la vez, estas barricadas también representan centinelas, tropas, soldados. Son objetos fuera de la ley pero que regulan el espacio. Nos revelan cómo fincamos nuestras banderas.
De acuerdo con la ley de cultura cívica del Distrito Federal, México, donde la mayoría de estas imágenes fueron tomadas, “impedir o estorbar el uso de la vía pública es una infracción contra la seguridad ciudadana y se castiga con multa de 11 a 20 días de salario mínimo y arresto de 13 a 24 horas” y es falta contra el entorno urbano “colocar en la acera o en el arroyo vehicular enseres o cualquier elemento de un establecimiento” sin permiso. La multa es de hasta 30 días de salario mínimo.
Cabe decir que yo no tengo coche ni licencia para conducir, por eso los observo desde ningún lado y desde varios al mismo tiempo. Puedo ver cómo actúan de manera similar a los parquímetros o a los franeleros; hacen un frente de tres caras: impiden una invasión, permiten otra y son, por sí mismos, una invasión. ¿Cómo no sorprenderse ante una cubeta de plástico llena de orines que tiene el enorme poder de prohibir —o cuando menos cohibir— una acción?
En su mayoría, estos objetos violan el espacio, pero he observado que algunos de ellos sirven para poner énfasis sobre algo que, de antemano, no se respeta. Por ejemplo, el espacio destinado a los discapacitados, que aunque esté señalado en la calle con brillante pintura amarilla o una placa, le es indiferente a casi todos. Si fuera un gran bote de pintura Comex lleno de piedras con una gran estaca donde se encaja un bote de refresco la historia sería otra. Se convierte, casi, en un superhéroe.
Me pregunto, también, ¿cuál es la ley que me impide robar un X? Lo he hecho ya en un par de ocasiones porque me han resultado irresistibles. En mi casa cumplen, por ejemplo, la función de detener una puerta pesada. Como simples adornos me parecen invaluables. ¿Es una cuestión, entonces, legal o sólo ética? ¿Un “No robarás” al propio ladrón? Relatos similares —como el de mi vecina, hace algunos meses, a quien alguien le robó todos sus X y no pudo estacionar su carro afuera de su casa ese día, además de que armó un verdadero escándalo, como si le hubieran robado el propio carro— conforman, en mi registro, una serie de estudios de caso con los que extiendo la narrativa de estos objetos.
La serie integra una obra en proceso que inicié en 2014 y cuenta hasta ahora con 4740 fotografías, aproximadamente. Las imágenes fueron principalmente tomadas en la Ciudad de México pero también en otros estados de la Republica. Los elementos que conforman este proyecto son: una video-instalación que reúne la serie fotográfica, un numero variable de objetos escultóricos y textos. Son formas quietas pero componen un escenario vivo, dispuesto desde su nacimiento a virar en muchas direcciones.






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